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jueves, 8 de marzo de 2012

Un día de marzo

 














De trazar la línea roja del cambio
siempre se encargó el mes de marzo
por una simple cuestión de fechas y de plazos.
Números que hacen de un día, el día,
el momento tantas veces repetido
donde sucumbimos al humano y cómico engaño
de afirmar:
“a partir de mañana, todo será diverso”.
Poco después, víctimas de la pereza,
de cierta impotencia o del simple hecho de ser,
copiamos y distorsionamos a Lope:
Mañana cambiaremos, respondía,
para lo mismo responder mañana.

Quizás sea la coincidencia
con el cambio de estaciones dispares,
quien da solemnidad a la cuestión,
otorgando a tal día carácter de final de ciclo.
Quizás sea que la suma de años no es consoladora
a pesar de otorgar sabiduría
y  por ello necesita de sus propias trampas.

En la realidad, en esa realidad inexcusable,
palpable y liberada de febriles batallas,
sólo es necesario el pensamiento sosegado,
aquel que otorga el paseo solitario,
para darse cuenta que todo cambia en cada paso.
Cinco metros atrás son ya pasado,
una mirada hacia el final de la calle
es ya futuro,
y esto, sin necesidad de rotuladores rojos,
páginas marcadas,
o programadas revoluciones para un día de marzo.


JcS

domingo, 4 de marzo de 2012

Tus manos y el café

Deslizas tus manos sobre la mesa,
sorteando tazas, platos, ceniceros,
en tímida conquista del espacio
que ocupan la indecisión y la duda.
Atento yo a tus movimientos,
finjo divagar sobre libros
y misterios, sobre poetas,
teóricos y constelaciones ignotas,
alargando en demasía el derribo
de los muros de mi teatral indiferencia.

Ante el riesgo de que desistas,
consciente de mi torpe estrategia,
enmudezco, tomo tu mano
y la guío hacia mis labios
con temblores y caricias.
Me asombro entonces
de que el mundo no se detenga,
de que todos estos extraños que nos rodean
no sepan, que entre tu timidez y la mía
se ha tendido un puente de manos entrelazadas,
de nerviosas y susurradas frases de entrega.

El planeta sigue en su traslación constante,
mientras a tu sonrisa y mi sonrisa
sólo las separa 
el humo de dos cafés.
JcS

jueves, 1 de marzo de 2012

Yo quiero ser tu Woody Allen















Yo quiero ser tu Woody Allen
para hacerte sonreír,
las gafas y la estatura ya las tengo.

Si la burlesca palabra es el más poderoso
discurso del hombre sabio y sencillo,
descubre en mi divagar absurdo
más verdad, más amor,
que en mil tratados filosóficos
o en diez mil textos sagrados.

Déjame que te atrape con interminables monólogos
cuajados de tímido tartamudeo,
déjate seducir por la explosión psicoanalítica
de mis temores, certezas y desvaríos,
permite que te atrape en declaraciones de amor
sin sentido, paseemos por un Manhattan
apenas dibujado en un folio.

Si tú te ríes, yo te embauco dulcemente,
si espanto el miedo de tus ojos,
serás dependiente de mis locos versos,
ahuyentaré los gritos totalitarios, demagogos,
los gestos amenazantes.

Te ríes conmigo, te ríes de mí, porque soy
el Charlot de tu propia película muda,
el protagonista en blanco y negro de tus sueños
que te habla en intertítulos.
No tendrás más remedio que enamorarte
de mi torpe caminar de vagabundo
a ritmo de pianola.

De tu sonrisa extraigo
material para mil poemas,
para infinitas y agridulces comedias
de final feliz.

JcS


viernes, 17 de febrero de 2012

El tiempo de Tom Ripley

Si el crimen es el camino fácil,
si llenando de cadáveres
un armario y el maletero de un Renault,
arrojando al muerto bajo el tren
y falsificando hasta el papel del chicle,
lo conseguimos,
sea así.

Vivir de ellos, Mr. Ripley,
ser ellos, Mr. Ripley,
acecharlos y exprimirlos
robarles la vida que no se merecen.
Mientras saboreo una copa
de Chardonnay y fumo un Gauloise,
su sangre se desliza por la alfombra.

Quiero ser así, señor,
ambiguo, manipulador, sin escrúpulos,
de sonrisa perturbadora,
de sonrisa encantadora,
práctico, pragmático,
si es más fácil vivir del engaño
vivamos pues,
la mentira siempre fue conquistadora.

Tu vuo fa l’americano?
yes, my Sir.
Llegó el tiempo de Tom Ripley,
la palabra remordimiento no se debe escribir.
Mon petit, je sui con te,
acaricio dulcemente la pistola.
A pleno sol, seamos infernales,
en el infierno es donde mejor se está.

Voy a ser perverso, talentoso Mr. Ripley,
matar antes que no ser nadie.

 JcS

martes, 14 de febrero de 2012

La partida

En el kilómetro cero
puedes alzar los ojos hacia el reloj,
hacer de cualquier hora el momento de la partida,
sea cual sea la posición de las agujas,
sea cual sea la estación que habites.
Marchar será siempre la decisión correcta,
el primer paso es el que cuenta,
el que decide la dirección en el discurrir
de tus horas y tus versos.
Podrás mirar atrás
si posees la secreta certeza de que sólo sirve
para medir la distancia
que nos va separando de lo viejo,
lo inevitable es la renuncia.
“Estos días azules y este sol de la infancia”
son el más elaborado de los mitos,
también la realidad más anhelada.

JcS


"Estos días azules y este sol de la infancia".  Último verso de Antonio Machado encontrado en el bolsillo de su chaqueta tras su muerte pocos días después de haber emprendido el exilio hacia Francia en 1936.

jueves, 9 de febrero de 2012

Quien habló

Al capitán Bigmouth, por hacerme ver las derrotas de otra foma.

Quien habló de renacer
no conocía el cigarrillo apagado
en el dorso de la mano,
ni los bronquios arrasados por el alquitrán
y el despertar cansado.
Quien habló de la belleza de las cicatrices
no conocía el barruntar de lluvia
o la obstinada permanencia de los recuerdos.
Quien habló de victorias
no conocía su composición de fallidas estrategias,
de constantes derrotas,
paradójico plan de lucha,
dejarse vencer para ser vencedor.
Quien habló alguna vez,
destruyó la grandeza de un silencio
compartido.

JcS