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domingo, 18 de septiembre de 2011

Precoz final

Descubro aromas alcohólicos en tus encías
mientras mi lengua recorre tus labios
guiada por un rastro de tabaco y whisky.
Mi estomago me sitúa entre la exaltación y el vómito.
No quiero medir las distancias,
te invado con timidez obscena
y unas manos que no son las mías juegan al despiste
con la cremallera de tus pantalones,
escaso éxito.
Provoco más confusión que éxtasis, más carcajada que gemido,
resbalo torpemente sobre tu inabarcable piel,
mis brazos se apartan para que mi boca sacie su narcótica sed
en tu sudor.
No quiero que rías: ¡gime, jadea, grita!
Me esfuerzo por mantener  la constancia rítmica  de un Nijinsky del sexo
y me descubro torpe como hipopótamo en el fango,
abriendo su horrenda boca.
Ante tu estupefacción y mi vergüenza
la humedad se extiende imparable sobre las sábanas.

JcS

jueves, 8 de septiembre de 2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

Septiembre



En el primer día de septiembre suele llover como si el calendario en una conspiración infame con el cielo decidiese recordarnos que los días de azul y brisas marinas ya pasaron.

El sol ha quemado tanto las copas de los árboles que a estos no les ha quedado otro remedio que llorar hojas durante meses, árboles heridos en su dignidad por tener que aguardar desnudos el arribo de una primavera todavía inconcebible y lejana.

La realidad se impone, nubes y vientos son el aviso tajante de la invasión inevitable de la rutina. La terrible revelación de que lo que somos está ligado a calzarse con zapatos en lugar de con sandalias, a cubrirse con americanas, camisas o uniformes, a tapar el cuerpo como si de pronto, al igual que Adán y Eva, hubiésemos sido expulsados del paraíso del verano y tuviésemos que avergonzarnos de lo que somos, de cómo somos.

Y para más dolor, el poeta debe ser consciente de que debe abandonar las metáforas otoñales, porque  no puede ser más tiempo un trovador de la melancolía, de los paseos bajo las alamedas, del íntimo dolor que provocan los días grises saturados de nostalgia; sabrá que no puede aferrarse para componer sus versos a los últimos resquicios del verano que parpadeantes intentan resistir al paso de los días: ¡ay, veranillo de San Miguel!, última exhalación del moribundo. 

El poeta debe saber que ahora septiembre empieza con ajustes presupuestarios, con primas y demás familiares del riesgo, que los paseos se hacen a los centros comerciales que hipócritamente alegran el regreso al colegio de niños lloriqueantes, sangrando por otro lado las cuentas corrientes de los padres. Constatará que las televisiones reajustan sus programaciones sabedoras de que las noches son suyas  y nos tendrán atrapados y alienados con sus vomitos disfrazados, cada vez menos, de manjares. Absorto contemplará como las colas de parados se mutiplican por gemación convirtiendo la calles en verdaderos torrentes de seres invadidos por el desamparo. El poeta deberá asumir que ahora septiembre ya no es gris porque se ha convertido en negro, y la culpa la tiene la bolsa, esa bolsa donde arrojamos a la basura los sueños que nacieron allá por el mes de junio.

Pero el poeta también piensa que septiembre es un cambio de camino, en las encrucijadas también se eligen maravillosos destinos. La primera gota de lluvia sobre el rostro le hace de pronto mirar al cielo y escapar así del laberinto sus cabilaciones.

JcS

lunes, 8 de agosto de 2011

Animal

ma l’animale che mi porto dentro non mi fa vivere felice mai
                                                                      Franco Battiato

Este animal que llevo dentro es el amo de mis días,
el instigador de los crímenes de mis noches.
Apaciguo su rabia con plomizas lecturas racionales
que lo adormecen como anestésicas recetas.
Pero basta la asonancia en una rima
o la pura crudeza de un verso libre 
y el animal despierta incontestable,
tritura mis entrañas con sanguinolentos zarpazos.
reclamando su latente libertad.
La bestia me empuja a vagar por la calles,
su instinto devorador se apodera 
de mi vacua voluntad de maniquí humano.
Fabuloso licántropo que no necesita 
de lunas llenas para su metamorfosis
Este animal que llevo dentro,
es más verdad que yo mismo,
lo invoco con conjuros de adormidera y whisky.
Cada día soy más bestia y menos hombre.
El animal que llevo dentro no me deja nunca,
yo no quiero que me deje.
JcS

miércoles, 3 de agosto de 2011

Elegía a Mark Renton

“Drive boy, dog boy
  Dirty numb angel boy”

Mark Renton ha muerto,
sucumbió porque su esencia (yonki way of life) pasó de moda.
¿Heroína? Actualízate Renton, esto es 2011.

En el cambio de siglo no hubo sitio para él,
porque no quiso seguir el modelo señalado.
Ya no se admiten rebeldías, Renton, colócate en la misma fila del resto.

"Se trata de no elegir"- decía, y eligieron por él, eligieron por mí,
eligen por todos.
Creemos poder escapar de aquellos que deciden por nosotros,
¡ilusos!, en realidad nacemos marcados,
clones en la cadena de montaje con instrucciones grabadas.

Nos dejan creer que somos lo que queremos y renegamos de lo convencional,
convencidos de ser únicos,
pero tarde o temprano escuchas:
"Si te sales del camino eres peligroso, chaval".

Mark Renton ha muerto, no podía permitirse ser adulto, 

fue un Peter Pan de suburbio.

Mark Renton ya no existe, ahora es Obi-Wan Kenobi.

Los 90 son historia, yo ya no soy un adolescente 
que ve Trainspotting.    JcS

lunes, 1 de agosto de 2011

Nada de ti


Nada sobre ti, no conozco nada, o quizás no quisiera conocerlo,
porque no quiero arriesgarme, no quiero que puedas adueñarte de mis horas,
tengo miedo de no poder abandonarte cuando para mí ya seas imprescindible. 

No quiero que abras todas las puertas y las ventanas que he mantenido cerradas estos años,
no quiero que la luz me deje verme en los espejos,
aquellos  que dejé que se cubriesen de polvo, de mentiras, de verdades a medias.

Te pido que te vayas cuando quisiera abrazarte,
sentirte junto a mi piel, sentir tu aliento sobre mi rostro. 

Son días iguales todos los que vivo, días de sol radiante,
sol que hiere mis ojos, ojos que buscan sólo la oscuridad.

Quiero que las nubes oculten este mundo,
que la luz no descubra ninguna de las palabras que mantengo ocultas.

"Vete", dicen mis labios mentirosos,
"quédate", dice el resto de mi cuerpo poseído por la verdad.
JcS